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‘Almuerzo Gratis’

Desde que comenzó la cuarentena estricta de COVID-19 aquí en Bolivia el 22 de marzo, solo se nos permite salir una mañana por semana, y solo para comprar lo esencial para toda la semana.

Lamentablemente, esta cuarentena ha afectado más duramente a los más vulnerables dentro de nuestras comunidades. Las personas sin hogar, que viven en las calles, desafortunadamente no tienen un lugar a donde ir y nadie a quien acudir para pedir ayuda. Junto con los vendedores ambulantes, recicladores y otros que anteriormente se ganaban la vida en la economía informal ahora han perdido sus formas de ganarse la vida, es decir, su manera de conseguir el pan de cada día. Adicionalmente, debido a la cuarentena, todos los comedores solidarios en Cochabamba han cerrado sus puertas, las calles están desiertas y la gente teme acercarse a extraños, mucho más si es para donar una moneda.

Nuestra primera gran compra de comestibles. Con las restricciones de cuarentena, comprar grandes cantidades de alimentos ha sido un desafío.

Nosotros al no poder llegar a los sitios de nuestros ministerios, decidimos comenzar a preparar y poner comidas fuera de la puerta de nuestra casa todas las mañanas para las personas sin hogar y con hambre.

Comenzamos este proyecto anunciándolo con un letrero afuera de nuestra casa que decía: “A partir del sábado 18 de abril, si usted o alguien que conoce tiene dificultades para conseguir comida, sacaremos platos de comida todos los días a las 11 am … Por favor, tome solo un plato cada día según sea necesario “.

Durante las últimas tres semanas, hemos estado cocinando y sirviendo comidas frescas y calientes diarias para todos los que vienen a nuestra puerta. Cocinamos un plato boliviano diferente cada día e intentamos que sea lo más delicioso, equilibrado y nutritivo posible. En cuanto a preparativos, avanzamos  tanto como nos sea posible la noche anterior, luego nos levantamos temprano en la mañana para comenzar a cocinar para tener toda la comida lista a tiempo.

Durante estas tres semanas, a medida que ha corrió la voz, los números han aumentado constantemente. En la primera semana, servimos un total de 165 comidas (un promedio de aproximadamente 24 comidas por día). Durante la segunda semana, servimos 284 comidas (un promedio de 41 comidas por día). Y la semana pasada, servimos 463 comidas (un promedio de 65 comidas por día); hoy alcanzamos un nuevo récord de 75 comidas calientes servidas.

Por razones de seguridad, colocamos las comidas en bolsas de plástico y otros recipientes desechables. Esto facilita la entrega rápida de las comidas y minimiza el riesgo de contagio. También permite que las personas se vayan más rápido después de recibir la comida, lo que hace que sea más fácil evitar que se junten multitudes.

Nos tomó un tiempo descubrir cómo preparar bien las enormes cantidades de arroz.

Usamos guantes y máscaras en todo momento, y nuestros “clientes” permanecen fuera de la puerta en la acera, mientras entregamos la comida. Por su propia seguridad, también les pedimos a las personas que usen máscaras o que se cubran la boca con algo más. Desinfectamos las manos de cada persona rociándolas con alcohol. De esta manera, no estamos rompiendo ninguna regla de la estricta cuarentena boliviana, pero hemos encontrado una manera de servir a aquellos en nuestra comunidad que más lo necesitan durante esta crisis, mientras los mantenemos lo más seguros posible.

La policía a veces pasa frente a nuestra casa para verificar lo que estamos haciendo, pero luego siguen su camino. Ellos también parecen entender la dura realidad por la que muchos están pasando.

Adaptarse a la creciente demanda y aprender a cocinar para tanta gente ha sido una aventura. Nos tomó un tiempo descubrir cómo preparar bien las enormes cantidades de arroz.

Dado que solo tenemos una mañana por semana para obtener suministros, y que todo transporte público y privado está prohibido, obtener grandes cantidades de alimentos para alimentar a tanta gente ha sido un desafío.

Nuestra comunidad local de Sant’Egidio, cuya espiritualidad es encontrar a Dios en las personas sin hogar, nos han estado ayudando al proporcionar algunas donaciones de alimentos, orientación y, en ocasiones, voluntarios que ayudan a cocinar.

Nuestros vecinos pasan constantemente para darnos palabras de aliento, así como donaciones de alimentos. Casi todos los días, recibimos algún tipo de donación como jugo embotellado, pan, verduras, atún, frutas, etc.

Una donación de pan con queso recién hecho

Cuando Celia, una de nuestras clientes habituales, nos encontró por primera vez, nos dijo: “¡Esto es el cielo!” Su comentario me impacto, y me ha hecho reflexionar profundamente sobre cuán cerca puede estar realmente el  Cielo; puede estar justo frente a nosotros, si solo lo vemos, lo queremos y trabajamos para ello.

Humberto, que tenía unos 70 años y era uno de nuestros clientes favoritos, llegaba todos los días, 15 minutos antes, para ser el primero en la fila. Hablaba con nosotros a través de la puerta, mientras nos preparábamos para empezar a entregar. Me pregunto si llegaba tan temprano porque tenía mucha hambre de comida o era mas el hambre de conversación y de sentirse apreciado. demostraba tanta felicidad y alegria cada vez que recibía un almuerzo.

Ayer descubrimos que había muerto el martes por la noche. Tuvimos el privilegio de darle comida durante las últimas dos semanas de su vida. Lo extrañamos todos los días, pero ha sido un pequeño consuelo saber que murió con el estómago lleno.

Todos los días tenemos nuevos encuentros, escuchamos nuevas historias y creamos lazos de fraternidad un almuerzo a la vez. A través de esta interacción, estamos llegando a conocer las realidades y las dificultades que atraviesan las personas en nuestra comunidad, especialmente durante este tiempo de la pandemia.

He podido tener un encuentro personal con Dios de una nueva manera a través de este ministerio temporal.


Fotos cortesía de Cortney Freshwater and Juan Gomez

 

 

Juan Gomez Juan Gomez
Juan Gomez teaches and coaches at Colegio San Bosco, a Catholic boarding school in Tacopaya, Bolivia.