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Los participantes mayores en un nuevo proyecto de Misioneros Laicos de Maryknoll en Tacopaya, Bolivia, bailan en círculo.

Desde hace ya muchos años, los misioneros laicos Maryknoll Filo Siles y Joe Loney se han dedicado a mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidades en las zonas rurales de Bolivia. En dos lugares remotos, Tacopaya, en el altiplano andino, y Entre Ríos, una comunidad de inmigrantes pobres en el sur tropical del país, ellos brindan servicios cruciales para jóvenes y adultos con diferentes tipos de discapacidades.

Una sesión de fisioterapia en uno de los encuentros

En su trabajo en el pueblo andino de Tacopaya y con las muchas comunidades indígenas a su alrededor, han notado el gran costo —físico, mental y emocional— que la partida de la mayoría de los jóvenes de esas comunidades está teniendo en los adultos mayores. Muchos de sus hijos y nietos se han mudado a las grandes ciudades de Cochabamba y La Paz o a oportunidades en el extranjero, dejando a las personas mayores sintiéndose abandonadas y solas. Su creciente aislamiento a menudo los priva de las conexiones sociales, así como de los servicios médicos y de otro tipo que estarían disponibles para ellos. Este aislamiento es aún más pronunciado para aquellos que también viven con diversas discapacidades y, por supuesto, la pandemia lo exacerbó aún más.

En respuesta, la Fundación para la Justicia Social de Filo y Joe ha iniciado un nuevo proyecto para servir a la población mayor del área, incluyendo a las personas con discapacidades. Ellos consiguieron financiación y, el verano pasado, cientos de mujeres y hombres indígenas de la tercera edad se reunieron en tres grandes reuniones diferentes.

Realizadas en los gimnasios de las comunidades, o en coliseos, las reuniones fueron una combinación de feria de salud, campaña de vacunación, chequeos médicos, educación nutricional, asistencia en la obtención de servicios sociales y entrega de bastones y medicamentos, y fiestas que incluyeron música tradicional andina y baile

La fundación pasó la voz por radio y organizó el transporte desde las muchas pequeñas comunidades circundantes hacia las reuniones. “Nunca imaginamos que vendría tanta gente”, dijo Filo. “Al final, varias personas se me acercaron para abrazarme y decirme cuánto había significado para ellos. ‘Nadie se preocupa por nosotros’, dijeron. ‘Siento que solo soy una molestia porque ya no puedo trabajar’. En quechua, me dijeron: ‘Dios pagarapunsunk’a’, ‘Que Dios te lo pague’”.

Filo bailando con una ‘cholita’ (término ahora cariñoso para referirse a una mujer indígena)

Después del alcance inicial, la fundación ha continuado con muchos servicios adicionales para la población de mayor edad, desde ofrecer exámenes de la vista y anteojos hasta viveros de hortalizas; y desde crear conciencia en las comunidades hasta brindar acompañamiento a aquellos que han estado especialmente aislados.

Durante esta Cuaresma, dijo Filo, ella siente que, debido al nuevo proyecto, se está conectando más profundamente con la soledad y el abandono que sufrió Jesús. Aunque estaba acompañado por sus discípulos, los Evangelios nos dicen una y otra vez que ellos simplemente “no entendieron”; y que Jesús debió haberse sentido a menudo desilusionado, frustrado y solo. Durante su Pasión, los apóstoles se durmieron, huyeron y lo negaron.

“Finalmente, cuando Jesús murió en la cruz”, agregó ella, “sintió el abandono máximo, y gritó: ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’ (Mt 27,46). Por medio de mis conversaciones con ellos, sé que muchas de las personas mayores también se sienten profundamente abandonadas, algunas incluso hasta el punto de también sentirse abandonadas por Dios. Es por eso que para Joe y para mí ha sido tan significativo el acompañamiento directo en este proyecto: tomarlos de la mano, abrazarlos, escucharlos, levantarlos con una palabra de aliento y también hablarles sobre el amor de Dios por ellos”.

En su mensaje para la Cuaresma de este año, el Papa Francisco nos recuerda que “La Cuaresma es un tiempo propicio para buscar —y no evitar— a quien está necesitado; para llamar —y no ignorar— a quien desea ser escuchado y recibir una buena palabra; para visitar —y no abandonar— a quien sufre la soledad”.

Los misioneros laicos Maryknoll, junto con sus comunidades locales en todo el mundo, participan en estas actividades no solo durante la Cuaresma, sino durante todo el año. Al igual que Filo y Joe, acompañamos a nuestros hermanos y hermanas globales, especialmente a aquellos, como los ancianos de Tacopaya, que tienen necesidades y se sienten abandonados.

 

Meinrad Scherer-Emunds Meinrad Scherer-Emunds
Meinrad Scherer-Emunds is Maryknoll Lay Missioners' director of communications.