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Vídeo de Margarita dirigiendo una clase de Zumba en el Centro de Integración de Migrantes de São Paulo.

Una de las actividades más divertidas que he dirigido desde hace tres años como parte de mi trabajo pastoral con las comunidades inmigrantes y de las favelas en São Paulo, ha sido una clase de Zumba que se ofrece dos veces por semana en la favela de Haití. Después de que la ciudad haya cerrado debido a Covid las clases fueron interrumpidas por cuatro meses, pudimos empezar de nuevo al aire libre en julio de 2020.

Clase de Zumba los viernes por la tarde

Después de ver el impacto positivo de este programa de ejercicios, las Siervas Misioneras del Espíritu Santo, que dirigen otro de mis apostolados, han querido que también dé clases de Zumba en su Centro de Integración del Migrante (CIM).

El CIM está situado en el barrio central de São Paulo, en Brás. COVID cerró sus programas presenciales durante más de un año, pero hace aproximadamente un mes, después de que las hermanas pudieran reabrir las puertas del centro, pudimos por fin empezar nuestras clases de Zumba allí.

Elegimos Zumba como una de las actividades de prioridad del centro, reconocimos la necesidad de un “escape” entre los adultos (y en especial las mujeres) que venían a buscar servicios. Zumba es un programa de ejercicio que combina pasos básicos de baile con música latina e internacional. Ayuda a mejorar el entrenamiento cardiovascular, alternando entre ritmos rápidos y suaves. Como cualquier ejercicio aeróbico, ayuda a reducir los riesgos de salud, mantener un peso saludable, fortalecer el corazón y mejora el estado de ánimo.

Con los requisitos de distanciamiento físico aún vigentes, tuvimos que limitar el número de participantes. Pero debido al gran interés de las mujeres inmigrantes, ahora ofrecemos dos clases los viernes, una por la mañana y otra por la tarde, las cuales están llenas e incluso tienen lista de espera.

Me da mucha alegría el ver que las mujeres llegan con tanta alegría, anticipación y con el corazón abierto para dedicar una hora de su semana a ellas mismas. La hora que pasamos juntas consiste en cinco o diez minutos de calentamiento, unos cuarenta minutos de baile y termina con otros cinco o diez minutos de relajación y estiramientos. Las hermanas siempre preparan un cafecito o jugo con un postrecito para terminar con una “panza llena y corazón contento” (una frase común extendida en todos los países hispanohablantes).

Como instructora, disfruto de la oportunidad cada semana de ofrecer un momento importante de autocuidado a todas las mujeres que confían en nuestro trabajo en el Centro de Integración de Migrantes. Me siento feliz y orgullosa de cada sonrisa que veo los viernes por la mañana después de una noche difícil o los viernes por la tarde después de un día completo de trabajo. Estas mujeres son guerreras y me inspiran a poner mi salud física y mental como prioridad para tener la alegría de darles esa misma energía.

Esperamos seguir firmes y fuertes con este nuevo movimiento que nos está trayendo mucha alegría y esperanza para los días venideros.

 

 

 

 

 

 

 

Margarita Durán Margarita Durán
Margarita Durán teaches art, P.E., English and religious education to at-risk children and youth in São Paulo’s Haiti favela and at the Migrant Integration Center in the Brás neighborhood.