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Leticia Macías al lado de su mentora, la abogada y misionera laica Maryknoll Heidi Cerneka, en El Paso, el segundo puerto de entrada más transitado de la frontera sur. (Deirdre Cornell/EE.UU.)

Cuando Leticia Macías, de Horizon City, Texas, se jubiló después de 30 años de enseñar, dio un salto de fe: ser voluntaria en la frontera entre Estados Unidos y México. Macías sirve junto a su mentora, la Misionera Laica Maryknoll Heidi Cerneka, ayudando a las personas que solicitan asilo. En este trabajo, se une a innumerables personas que inspiradas por su fe les dan la bienvenida a los migrantes y a los refugiados. “Soy una parte minúscula del cuerpo de Cristo aquí en la frontera”, dice.

Leticia Macías trabaja como voluntaria en Las Américas Immigrant Advocacy Center, que desde 1987 ha atendido a más de 40.000 inmigrantes de bajos recursos de 77 países. (Deirdre Cornell/EE.UU.)

Macías creció en una familia mexicoamericana para quienes la fe era importante. Su padre, un carpintero, y su madre, ambos de Chihuahua, México, criaron a sus seis hijos en Texas. Macías conoció Maryknoll siendo una joven madre y esposa. “Un día en la casa de mi suegra, encontré la revista Maryknoll en la mesa”, relata. “La hojeé y vi a estos misioneros en otros países ayudando a la gente. Pensé, ‘¡Esto es asombroso!'” Macías asistió a la Universidad de Texas en El Paso y continuó su carrera docente mientras criaba a sus tres hijos. En su parroquia, la Iglesia de los Santos Pedro y Pablo en Socorro, Texas, se desempeñó como catequista, lectora, traductora, ministra eucarística, en el equipo de evangelización y como miembro del consejo parroquial, pero la idea de la misión más allá de su propia parroquia nunca estuvo lejos de su mente. A menudo compartía este interés con el Padre Saúl Uribe, el párroco. Una oportunidad para una misión así surgió cerca de casa, en una comunidad llamada Sparks. “Sparks es una colonia, un lugar donde ha venido gente de otras zonas para establecerse”, explica Macías. “Fui a la escuela secundaria en Socorro y tenía amigos que venían de Sparks. No tenían agua corriente, ni gas, ni servicios públicos. Usaban baterías de automóviles para producir electricidad”, recuerda. Se le pidió a Macías que ayudara a poner en marcha una escuela primaria en Sparks. Se sorprendió gratamente al descubrir el nombre elegido para la escuela: Mission Ridge. “Cuando le dije al padre Saúl, me dijo: ‘¡Este es un mensaje para ti!’”, dice Macías. La escuela abrió en 2014; Macías trabajó allí durante cinco años, lo que incluyó enseñar en un programa especial para estudiantes en riesgo. También sirvió activamente en su nueva parroquia, la Iglesia del Espíritu Santo, y tomó cursos de formación en el Instituto Tepeyac, un centro diocesano de formación de líderes laicos. Cuando Macías se retiró en junio de 2019, ya había estado siguiendo a Maryknoll por internet. Con sus hijos ya crecidos (ahora de 35, 33 y 23), Macías, quien está divorciada, se dio cuenta de que era hora de escuchar con más atención el llamado a la misión en su corazón. “Recibo inspiración de Santa Teresa de Ávila”, reflexiona Macías. Ella se siente especialmente conmovida por una cita atribuida a esta doctora de la Iglesia del siglo XVI: “Cristo no tiene otro cuerpo ahora que el tuyo. Ni manos, ni pies en la tierra excepto los tuyos”.“Iba a haber un retiro de discernimiento, ¡aquí mismo en Texas, en El Paso! Mis hijos dijeron que apoyarían mi decisión si esto era algo que yo quería hacer”, dice Macías, 55. Aun así, dudó en registrarse, ya que quería pasar los últimos días del padre Saúl con él. “Fuimos amigos durante 28 años”, dice. El sacerdote había ingresado en cuidados paliativos y luego falleció. “Llegué a casa del funeral, abrí mi computadora y me registré para el retiro de discernimiento”, recuerda Macías. El retiro de cuatro días incluyó oportunidades para aprender más sobre la realidad en la frontera entre Estados Unidos y México. En los últimos años, el número de migrantes de América Central y otras áreas del mundo ha comenzado a aumentar. “Se encendió un fuego en mi corazón y en mi alma”, dice Macías. Ella no está sola: El Paso responde generosamente a través de Frontera Welcome Coalition, formada por docenas de grupos religiosos, parroquias, proveedores de servicios sociales, agencias gubernamentales locales, trabajadores de la salud y activistas por los derechos de los inmigrantes. “Nuestra comunidad es excepcional y se ha unido para ayudar a dar la bienvenida a familias solicitantes de asilo y ha mostrado fuerza y compasión en este momento desafiante”, dijo el obispo Mark Seitz en un testimonio para una audiencia en la Cámara de Representantes, en 2019, sobre la situación en la frontera.

Un mural en la Iglesia del Sagrado Corazón, diseñado por el artista Francisco Delgado y pintado con la ayuda de estudiantes de Bowie High School, celebra la historia de El Paso, Texas. (Deirdre Cornell/EE.UU.)

En el retiro, Macías conoció a Cerneka, una abogada de Las Americas Immigrant Advocacy Center. “Me sentí atraída por su trabajo”, dice Macías. “Me la asignaron como mi mentora. Le dije: ‘No soy abogada. Pero, ¿hay alguna manera en que pueda ayudar?’ Heidi respondió: ¡Hay mucho que hacer!’” “Invité a Letty a considerar ser voluntaria donde trabajo”, dice Cerneka, quien es una misionera laica. “¡Y listo! Se formó una relación increíble”. Las Américas, fundada en 1987 por los líderes católicos laicos Delia Gómez y Rubén García (también fundador de Annunciation House, una red de refugios para migrantes), ha servido a más de 40.000 personas de 77 países desde sus inicios. Su misión es “brindar servicios legales de alta calidad a inmigrantes de bajos ingresos y defender los derechos humanos”. Varias hermanas y misioneros laicos Maryknoll se han ofrecido como voluntarios en Las Américas. Cerneka forma parte del equipo de Defensa de Deportación de Detenidos, en el que ayuda a Macías con gran capacidad. Macías traduce, visita los centros de detención y ayuda a contactar a los clientes. “Letty aporta habilidades organizativas, fe profunda, compasión y el deseo de servir a Dios y al prójimo en todo lo que hace”, dice Cerneka.“He aprendido a hacer tareas que no sabía hacer antes”, dice Macías. Ella da un ejemplo: comunicarse en nombre de los clientes con las embajadas de sus países, como Colombia, Egipto y Cuba. Macías cuenta una historia particularmente conmovedora. Las Américas había asumido el caso de un joven de Cuba. En su país de origen, Rubén, ahora de 28 años, fue golpeado y arrestado por expresar su opinión política. El acoso no terminó ahí. Su pequeña empresa (un taller de reparación de relojes) fue saqueada y sus herramientas, sin las cuales no podría trabajar, confiscadas. Rubén huyó, dejando atrás a su esposa e hija pequeña. Llegó a la frontera de Estados Unidos, solicitando asilo, luego pasó un año y medio detenido mientras se procesaba su caso. “Para calificar a la residencia, necesitaba exámenes médicos y vacunas”, relata Macías. Ella hizo muchas citas para él e hizo arreglos para que lo llevaran del centro de detención a la clínica. Ella recuerda haber esperado en el estacionamiento para acompañarlo a una cita. “Lo sacaron del autobús, esposado, con los pies encadenados, arrastrando los pies entre los dos oficiales que lo escoltaban”, recuerda. Finalmente, a Rubén se le concedió la residencia permanente legal en virtud de la Ley de Ajuste de Estatus de Cuba. Experiencias como esta son “dolorosas, pero también hermosas”, dice Macías. “Dios nos usa como sus manos, su voz, sus pies, para ayudar a los demás. Solo tenemos que responder, ‘Sí’”.


Este artículo apareció por primera vez en el sitio web de Revista Maryknoll

Deirdre Cornell Deirdre Cornell
Deirdre Cornell served as a Maryknoll lay missioner in Mexico (2004-2007). She is an associate editor of Maryknoll magazine and the author of three Orbis Books, including Jesus Was a Migrant.